¡Mami, toca el piano!*

>Leyendo biografías de personajes resaltantes mi mamá y yo unimos cabos que hacen evidente la importancia de la educación femenina, particularmente cuando se es madre. Claro, decir que una madre refinada dará buena educación a sus hijos tocará la campana más aguda de los lugares comunes, pero en este caso la cuestión de la formación y la transmisión de los saberes llega mucho más lejos.

¿Qué puede vincular a Carlos Saura con Prokofief y Spielberg? ¿O a Boris Pasternak, Robert Schumann y Thomas Mann? ¿Y a Manuel de Falla con Bon Jovi, Rubén Blades, Albert Einstein y Alejo Carpentier? Pues un hermoso denominador común: sus madres fueron pianistas.
Explorar la vida de gente que empezó su formación, sea artística o científica observando las aptitudes de sus madres y aprovechando la sensibilidad musical, que evidentemente trascendió mucho más allá, demostró que aún sin estar plenamente conscientes de ello, la formación de las madres pasa directamente a la de sus hijos. Si nos fijamos en los ejemplos citados, los resultados fueron más que felices en lo que respecta a la herencia que dejan estos seres al arte universal.
Crecer en una casa con música parece ser el punto de partida para desarrollar un espíritu sensible. Es posible que las primeras líneas que describen a Lara o los aspectos mágicos de la Infancia del mago hayan comenzado a bordarse en la cabeza de estos autores mientras caminaban torpes y descalzos alrededor de un piano. Las lecciones y los regaños quedan siempre en la cabeza como un son; las canciones permanecen y salen luego como una inspiración inconsciente que da paso a poemas y piezas nuevas.
Con esto se hace más fuerte la idea de que nuestras madres son la primera inspiración. No importa qué tan lejos se pueda correr, o qué tan fuerte se intente escapar a la herencia que a la primera de cambios saldrá sola y con propulsión a chorro. No es en vano que la visión de los grandes de la literatura y del arte en general pase por una estación muy necesaria en la visión familiar y en los primeros años, tiempo en el que la madre es la ventana a través de la que se mira hacia afuera.
Lo de las biografías fue una experiencia hermosa, particularmente para mi madre, porque también es pianista. Yo sé bien lo que significa tocar con dos dedos tratando de imitar a mamá, o moverme de sitio porque el piano no deja oír el teléfono. En mi casa los boleros se cantan en vivo y las canciones populares tienen versiones bastante diferentes a las originales. Mi papá canta con acompañante en vivo y los domingos en la tarde son fiestas de tangos y guaranias. Si he de recomendar algo a alguna madre sin serlo yo debo decir, con toda la moral que me da ser hija, que una casa con música varias veces al día es la mejor receta para una infancia feliz. Si no me creen a mí, pasen por la lista de personalidades al comienzo de este texto. Muchos son gente de peso que con seguridad, estarán de acuerdo conmigo.
*Publicado en Tal Cual dentro del suplemento especial del Día de las Madres

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