>Blogopodium – Kminos

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El blog kminos.com es una bitácora con todo el sentido que tenía la palabra antes del boom de los blogs y de los medios ciudadanos. Quien lo lleva se llama Kira Kariakin y es una venezolana con un poco de ruso que ha pasado los últimos diez años en destinos tanto fascinantes como poco frecuentes. Así, muchas de sus líneas son anotaciones al borde que vienen de experiencias aleccionadoras en Kenia, Uganda, Botswana y Bangladesh (donde participó en el proyecto Nari Jibon, al que le dedicamos un espacio hace unas cuantas semanas). Kariakin se formó como periodista y se dedicó a las editoriales dedicadas a la cultura y se nota bien que el camino que ha tomado la mantiene prendada a este mundo, aunque las condiciones, la lengua o los cambios se empeñen en poner obstáculos.

Cada post es una crónica del camino, de la vida, de la gente y del ambiente. Las reflexiones hacen que no se pueda leer más de un texto, pero ciertamente, deja una sensación que lleva a visitar la página de nuevo y ver por dónde anda la bloguera al momento. Los últimos posts cuentan el regreso a Venezuela después de 10 años; lo que hace que lo último sea una interesante impresión de la vuelta al país, sobretodo porque le tocó durante remolino del que todo el mundo quisiera escapar (sin importar el equipo), pero no es posible. No es fácil armar una imagen con líneas simples de lo que pasa, pero llama la atención el resultado de un boceto de alguien que ha recorrido tierras con cadenas más pesadas que las nuestras y que sin embargo las hacen mover con ruido, velocidad, música y paso firme.

Así, si bien las crónicas que salen de un camino que iba cada vez más hacia oriente son conmovedoras, las que dan directamente en la frente son las de las que cuentan cómo se está viendo la (nueva) vuelta electoral que es el asunto de cabecera de todos en Venezuela. Al final el blog es muy recomendable por la experiencia y las imágenes escritas, y porque escribe y describe alguien que conoce bien el sitio donde nació y que trae bajo el brazo una comparación, necesaria e ineludible, de lo que ha visto y oído… y que no es para nada el folclórico balance fácil y despectivo con el que se contrasta lo nuestro con lo que hemos visto de mundo (que casi siempre son arañazos de un poco de EEUU y Europa) y que se expresa con atrevida ignorancia, voz elocuente e índice aleccionador, mientras quedan atrás las ideas verdaderamente constructivas.

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