Desplazados que bloguean


Las consecuencias de las luchas en la guerrilla que se sostiene con las uñas y los dientes en Colombia y en la frontera no pueden contarse con los dedos. Así, entre los muchísimos resultados quedan también grupos de desplazados que buscan un lugar para refugiarse de la violencia y de la pobreza. A estas alturas, la violencia toma tintes y orígenes que no se entienden, pero continúa. Para sobrevivir hay que cambiar de tierra. Así se entra al laberinto oscuro de la vida de los refugiados.

A la vida de los refugiados le tapa la luz la pobreza y las inmensas limitaciones en cuanto a derechos básicos. La situación legal de estos grupos es de suma delicadeza, la posibilidad de surgir es poca y las oportunidades de trabajo son prácticamente inexistentes. Además, la cantidad de respuestas a solicitudes hechas al Estado venezolano son respondidas en un número minúsculo y los representantes de las fuerzas armadas nacionales no hacen más fácil el período de eterna espera (ver reportaje de L. Boon publicado en El Mundo – Dic, 2008).
Valga pues, luego de tantas líneas lamentables, hacer notar el trabajo extraordinario de Ancla2, que da una posibilidad a los niños que crecen en estas circunstancias. De aquí sale el periódico El Nula por la Paz, una bitácora de fotografía en el que se destacan los hermosísimos parajes de esta parte del estado Apure.

El periódico en línea es el resultado de un taller hecho con 23 niños pertenecientes al Servicio Jesuita a Refugiados basado en redacción y fotografía. Los niños muestran en el blog la vida y los parajes que los rodean, y narran las historias de su casa, de sus vecinos y del espacio en general. De este modo, la comunidad se expresa, se comunica; tiene una imagen de sí y la hace llegar a través de Internet.

En las imágenes de los campos de guerra, de refugiados, aldeas destruidas por la violencia y otros cuadros desgarradores, la imagen más común y aleccionadora es la de niños siempre jugando; y ésa es justamente el ancla de los talleres. Experiencias como ésta abren la puerta a un número inmenso y emocionante de posibilidades. El que se diga que los niños son quienes sembrarán las semillas del futuro es lugar común, y como buen lugar común, acertado aunque se abuse en su uso. Y así, lo niños de El Nula, entre el trasfondo de su situación no sólo siguen jugando; también se expresan, escriben, publican; y lo mejor, aprenden.

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