Los 200 años de Chopin en París

>

Este año en París se celebran los 200 años de aniversario del nacimiento de Chopin y el mundo entero está invitado. El universo de Chopin tiene embriagada a la ciudad, orgullosa de haber sido el hogar del compositor durante los años más excitantes de su vida y de su carrera. Los museos, bibliotecas, conciertos, homenajes y experimentos están en la gran lista con la que se recuerda a este delicado poeta de la música. El viaje va desde sus comienzos, pasando por los tiempos turbulentos, y sigue con expresiones tan inesperadas como el jazz manouche. No parece haber límites para la inspiración. Mucho menos para la imaginación.

Dentro de mi educación musical, de la cultura popular, y entre los amigos, Chopin tiene un lugar distinguido, lleno de recuerdos y de emociones. Es una muestra de cómo Polonia suspira y crea seres universales. Por eso me hace gracia recordar a un muchacho francés que conocí y que me vio con expresión de sorpresa cuando comenté que conocía estas obras y que las apreciaba mucho. Desde su punto de vista, ese interés era sumamente extraño en un(a) latinoamerican@. No pienso caer en su mismo error y decir que los franceses no saben absolutamente nada de los venezolanos; sólo quiero resaltar con ello el poder de expansión de la obra de este compositor polaco (que por lo visto sorprende tanto a los desinformados). Lo maravilloso es que gracias a esta expansión justamente fue que tuve la oportunidad de ver uno de los homenajes que la ciudad de París le rinde en este marco al buen Fryderyk.

Hablo de la exposición de la Ciudad de la Música de París. Como lo hubieran querido los fans de antaño, husmeamos en muchos rincones físicos la vida del compositor… y también la del amante,  la del inmigrante y la del patriota. Algunos de los instrumentos tocados por Chopin estaban en exhibición. En uno de ellos, tres pianistas tocaban en él obras delicadamente escogidas, con textos relacionados. Entre los pianistas estuvo Natalie Valentin, una muy querida amiga, también venezolana, cuyo talento no subrayo aquí por mi alta estima, sino por haber sido, sensiblemente, uno de los elementos de la exposición que más causó impacto. De ahí sale lo que decía más atrás sobre la expansión y su buen paso por mi camino, pues fue justamente la mano de la pianista caribeña la que me llevó a uno de los altares que París hace este mes al universo Chopin.
Después de la presentación, discutí con Natalie hacer un pequeño post aquí para contar lo que hicimos y lo que vimos. Haber ido a un espacio hecho para explorar el “atélier” del compositor deja muchísimo por comentar. Cuando finalmente acordamos el texto, me pregunté cómo haría para resumir todo lo que pasamos dentro de la Cité de la Musique. Ahora quisiera hacer un texto coherente que no repita quién sabe por cuánta vez las mismas cosas que, conmovidos, han dicho tantos otros. Lo que se me viene a la cabeza, y lo que me causa más fascinación, es la interpretación y el efecto conmovedor que han hecho en el Caribe tantas de las piezas cuya inspiración nace en la vida bucólica de Polonia. El interés de los conservatorios venezolanos de música clásica por la gran obra europea es palpable. Además, el alto nivel al que se ha llegado en su ejecución es una de las caras de Venezuela que sonríen más plenamente. Estamos claros que para sentir la música, no hace falta venir de esa misma tierra. Esto lo demuestran también adaptaciones de estudios de Chopin a la salsa brava y las obras académicas de la Venezuela que todavía veía con idealización y añoranza la estética europea.
De la época y de la vida de Chopin, hay tanto. Y siempre salen cosas nuevas. El movimiento romántico y sus participantes han forjado una cara de la cultura occidental que acompaña y apadrina los movimientos que le sucedieron, y probablemente continúen influenciando a los que están por venir. Supongo que de eso se trata ese concepto tan raro de la eternidad, caminando siempre al lado de la universalidad. Nada inesperado  cuando se habla de los sentimientos humanos; y no sólo los que implican amores apasionados. Está también la angustia de los que han dejado tierras detrás de sí… Peor si éstas sufren y que luchan por hacerse un puesto digno entre el ajedrez de la historia política mundial, como la desgarrada Polonia, tan añorada y amada por sus  siempre fieles artistas y poetas. A primera vista, puede que el estilo de Chopin recuerde a las sofisticadas y hermosas imágenes que tenemos de París… Pero en una vista más profunda  este compositor, a quien muchas enciclopedias llaman testarudamente francés antes que polaco fue, como lo dijo Wilheim von Lenz el único pianista político. Tocaba Polonia. Convertía a Polonia en música.

Mis más sinceras palabras de agradecimiento y admiración a Natalie Valentin por la invitación y por su interpretación.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *