Regreso al futuro en la prensa de Francia

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Hace un año y medio que vivo en París, que ando en su metro y que leo sus periódicos. El movimiento editorial es maravilloso, como sabemos, y los debates afilados, como nos gustan. Sin embargo ,en estos días, no pude evitar recordar una anécdota histórica que  en su momento me hizo muchísima gracia. El cuento apuntaba a la prensa francesa y al ruidoso decaimiento de las autoridades en París cuando Napoleón, burlando toda guardia y acuerdo, abandonó la isla Elba. Según Carl Grimberg y su exquisita Historia Universal, un correo urgente apuró la llegada del día de un solo golpe en 1815 cuando se supo la noticia. Los titulares del diario Le Moniteur se retorcían a medida que los 1200 hombres de Napoleón se veían más cerca de la capital. Y así cuenta el historiador que fue la metamorfosis:
“El ogro de Córcega ha desembarcado en el golfo Juan”
“El tigre ha llegado a Gap”
“El monstruo ha dormido en Grenoble”
“El tirano ha atravesado Lyon”
“El usurpador se halla a 40 leguas de la capital”
“Bonaparte avanza a pasos agigantados, pero no entrará jamás en París”
“Napoleon estará mañana ante nuestras murallas”
“El Emperador ha llegado a Fontainebleue”
“Su majestad imperial entró ayer en el palacio de las Tullerías en medio de sus fieles súbditos”
Sabemos bien que la prensa en particular y los medios en general responden a intereses varios; y debo decir también que desde mi querida experiencia como lectora y correctora de diarios en Venezuela, las emociones que traen el fondo y la forma de la prensa son verdaderamente intensas. Sin embargo, me gusta pensar que los ideales de quienes aún usan el poder de la palabra para informar y para opinar no han flaqueado demasiado; y así, no pierdo la fe en los impresos ni en sus escritores.
Ahora bien, mientras arreglaba el texto que leen ahora, quise buscar la versión de los hechos en francés para una posible traducción. Fue así que conseguí con un cierto autor en línea que desmiente la anécdota mientras cita ejemplos y fuentes. Sin querer poner a debatir una página de internet con una colección dorada de historia universal, hago mención de ambos para evitar caer en faltas de información.  El autor que hizo parte de internet lo que consiguió con respecto a la terrible inestabilidad de estos titulares , sugiere de modo tenue que la anécdota histórica no es más que una exageración. Pero leyendo los  titulares de los últimos años yo pregunto ¿cuándo se complica lo simple y se simplifica lo complicado?
Estoy segura de que la falta de experiencia que se lee aquí entre líneas es lo que alimenta la angustiosa reflexión que sigue. Decía que recordaba la historia en cuestión porque hace unos días y en la misma ciudad (esta vez en el año 2010) me pareció dar un salto histórico cuando leí un editorial de Le Monde titulado “¡A las armas, ciudadanos europeos!”.
Aquí es cuando elijo correr el riesgo de reaccionar ante escritores de mucho más peso, conocimiento y contexto que esta bloguera. Yo pensé que las figuras intelectuales detrás de publicaciones como ésta luchaban con fuerza contra el gran fracaso del hombre. Pienso también que Europa y sus ciudadanos se aprecian enormemente de ser una fuerza intelectual sobresaliente con respecto a los países que aún luchan con problemas que aquí se creen superados. Y pienso, además, que una de las maravillas de este continente es haber sobrevivido a conflictos armados tan trágicos como numerosos con las manos llenas de una historia conmovedora y aleccionadora.

¿Qué es lo que sigue cuando la prensa lanza líneas así y no toca el sarcasmo ni por accidente? Supongo que esto no es más que un hondo suspiro vuelto líneas sencillas en un blog que juega con las lenguas y se maravilla con la historia y la cultura. Hoy toca sorprenderse de los giros que da la historia sobre su propio eje. En lo particular, siempre lamenté ver que mi país, al que amo con una gran intesidad, está hecho de gente muy buena con muy mala memoria.

         Lamento ahora ver que no estamos solos…

        
                        … y ver que probablemente no lo estaremos nunca.

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