Do widzenia Ryszard Kapuscinski, el aventurero con espíritu lírico

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Debo escribir aquí que en lo que me enteré de la muerte de Ryzsard Kapuscinski estuve largo rato mirando la pantalla blanca, pensando en qué podría escribir sobre el hombre como el que yo alguna vez quisiera ser. Al rato, luego de mucho pensar, un buen amigo me dio la clave de lo que se puede decir del Kapu: para escribir así sólo hace falta una cosa… vivir.

Cosa curiosa cuando la cabeza le da tantas vueltas a uno pensando en la muerte y lo frágil de la propia vida. Y no quiero extenderme aquí sobre el sentido de la vida, los patrones, la relatividad o por qué el hombre no pide nacer, no sabe vivir y no quiere morir. Cuando me dijeron que el Kapu se había ido pensé en esas florecitas que uno sopla pidiendo un deseo y se van volando en todas direcciones, descansando sobre la brisa y dejando ver la luz… Y pensé en ellas porque irónicamente así es que debe haberse ido aquél que creyó haber visto de cerca la cara más terrorífica a la muerte varias veces. Después de haber sufrido malaria cerebral y de ser incluso condenado a muerte, el maestro del periodismo libre y el más grande aventurero de las nuevas letras se despidió casi tranquilamente en el frío gris de su adorada Polonia el 23 de enero del año 2007.

Decir que leer al Kapu es transportarse significa ponerse en la cola de miles de personas que piensan igual. No me gusta hacer colas, pero no se puede negar la verdad. Leyendo Ébano tenía que parar de leer y mirar alrededor para cerciorarme de que seguía en Venezuela (aunque la situación se pareciera en mucho). Así también, con El imperio creí ver de cerca los verdaderos propósitos de la cultura cuando se busca la paz y el significado de la identidad. El post no terminará nunca si me extiendo sobre El emperador y Un día más con vida, tan plenos de poesía y amor por la vida (sin contar los trabajos del Kapu que me esperan aún para que los lea). Ya habrá oportunidad para todo eso, principalmente porque la primera labor del Kapu se basaba en el estudio de las lenguas de sus semejantes para entenderlos lo mejor posible… O sea, ahora es que queda tela por cortar.

Leí en un artículo dedicado a él que calzó su primer par de zapatos a los nueve años, pero que siempre caminó descalzo. Creo que eso explica su extraordinaria sensibilidad. No creo que a los 74 años el Kapu haya estado cansado de pisar tanta tierra, ni de hablar de los pobres (que según él son silenciosos), pero sí creo que sin previo aviso llega el momento de tomar el relevo y continuar con la tarea de ponerle el espejo en cara al mundo.

La de Kapuscinski fue la muestra más pura de cómo la realidad es la inspiración cuando el periodismo se vuelve literatura. Aún después de casi un siglo de lucha, harán falta plumas que continúen la línea del historiador polaco que supo entender compasivamente la naturaleza de muchos pueblos y traducirla a los que siempre entendemos menos… Sin duda alguna, lo echaremos muchísimo de menos.

Dziekuje, Kapu…

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