De la procrastinación a la dificultad de la expresión escrita

Después de cursar estudios formales por más de 18 años (a los que he de sumar tres más que están por venir) y de escribir dos trabajos de grado me doy cuenta de que la escritura y el estudio tienen todo de estimulantes y de emocionantes… hasta que toca que sentarse a hacerlos. Escribo esto mientras trato, en vano, de concentrarme en la más silenciosa de las bibliotecas, después de dos tazones de café negro. También sé que no soy la única en esta desesperanza. He hablado con amigos y compañeros de estudios por horas sobre lo difícil de la concentración y de la disciplina. La procrastinación es mi compañera de todos los días, y la sazón amarga de las ideas que pelean por salir. A quien le ha tocado escribir un trabajo de estos sabe de lo que hablo. Y a los que no, también, no hay que engañarse. Nada más deseado que una interrupción cuando todo está listo para comenzar. Las ideas se pelean por salir, tienen rato en la cabeza, no hablo de otra cosa, tomo notas en cuanto papel veo, a toda hora, en todas partes… Pero basta sentarse frente a la máquina para desear con todas las ganas salir corriendo. Nada como el horror del día antes de la entrega para que todo salga de un solo tirón.

El vínculo lleva al corto animado "Film Film Film" de Fyodor Khitruk.

Ahora bien, pensar que yo soy de los especímenes a los que estudiar les «gusta» pone las cosas en perspectiva (una no demasiado optimista, por cierto). Los que sacan una carrera por tener un cartón con su nombre y un oficio no deben ver la hora de terminar un camino que debe parecerles largo y pedregoso. Diez veces peor los que estudian algo que no les gusta por un cartón con un oficio «útil». Yo creo que tendremos que terminar por sincerarnos y admitir que el acto del estudio y la disciplina endemoniada de la escritura son actos a menudo antinaturales. Sin embargo, al ver los siglos que ha durado una institución como la Universidad y lo bien parada que sigue estando la educación formal hay cosas que no cuadran. Y no soy yo quien lo dice, en realidad la crisis de la educación y del ejercicio crítico no tiene nada de nuevo.

Entre la procrastinación y la curiosidad he visto que hay muchos como yo que sufren del mismo mal, y que entre las preguntas que hacemos a los sabios escritores sobre la existencia y la literatura el acto de escribir está siempre sobre la mesa. Carlos Fuentes dice que la escritura es un oficio solitario. Kapuscisnki dice que para escribir una página hay que leer 100. Se trata de poner instantes vitales en el papel y de expresarlos de modo inteligible, coherente, y en casos afortunados, con cierto estilo y calidad expresiva.

Pero salgamos un poco de las aspiraciones literarias y bajemos el acto de la escritura a niveles propios de los mortales.

La dificultad en la escritura, y quizás de modo más profundo, en la expresión a través del lenguaje es un asunto de importancia mayor cuando se habla de educación. Y en mi opinión, es una muestra punzante de las fallas más graves en los sistemas que nos han formado. Este problema lo veo claro al abrir los periódicos y al leer los blogs, que de cierto modo han puesto sobre la mesa un nuevo canal para la expresión escrita. El caso de los blogs es comprensible, aunque no justificable. Ahora bien, el caso de los periódicos es, en casi todos los casos, sencillamente imperdonable. Más aún cuando se constata que la gente hace depender su nivel de lengua de los medios de comunicación, particularmente los audiovisuales. Que la lengua y la cultura dependan de los periódicos y de la televisión les pone un peso desproporcionado sobre los hombros. Y lo preocupante en mi opinión es que los resultados de esta dependencia se ven a diario, y no parecen en nada positivos. Tengo pocos puntos de comparación, pero muchos ejemplos en el caso de Venezuela, donde los periódicos más tradicionales, están repletos de periodistas graduados en universidades de cierto prestigio (y en algunos casos, de altísimo costo).

A veces me cuesta explicar por qué esto es un problema grave y con qué otro montón de cosas se conecta. Particularmente a los que ven la educación como parte de una herramienta que debe dar resultados claramente cuantificables, especialmente a los que claman que Venezuela está 100% libre de analfabetismo. Quizás pueda empezar por mencionar que es un asunto de ramas largas y numerosas que tocan asuntos duros como la cultura y el fomento de sus expresiones, los intereses, el hábito de la lectura, el pensamiento crítico, la lectura de medios, la vida ciudadana y la expresión personal y profesional. Asuntos que creo vitales para el tipo de vida que escogimos vivir como país. Sobre este tema se pueden escribir bibliotecas enteras… Se están, de hecho, escribiendo miles de textos señalando y poniendo luz sobre los problemas de la educación formal contemporánea. Yo quiero limitarme a reflexiones personales que intentan ser honestas y que quieren superar la timidez propia del aprendiz. Aprendiz que, sea dicho de paso, vuelca sus inquietudes en un blog y huye, a su vez, de las enredaderas engorrosas de la expresión escrita… y está lejos de ser la última vez. ¡Oh musa caprichosa de la escritura, ponte en el lugar que es!

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