La tesis *suspiro*, la tesis…

La transformación de mi antiguo blog, Sacando la Lengua para convertirse en estas Crónicas Lenguaraces tuvo una razón de peso: el de llevar cuenta de los cambios, que han sido muchos, y cómo han sido. Así pues, cuando volví este espacio un pequeño saco de reflexiones que giran en torno a la aventura «fuera» de «casa», una de las cosas en las que estuve más clara fue en que éste sería también un cuaderno de notas de la tesis que hoy marco (oficialmente) un año de haber comenzado. Hay que confesar que la falta de claridad junto con la falta de disciplina han dejado espacios de tiempo entre un post y otro que me gustaría no repetir. En esto, llevar un blog me recuerda un poco a la relación que se tiene con las dietas: Uno se emociona, se compromete, empieza… y no sigue. Hay muchas ideas… Pero excusas hay más.

En fin…

Sin entrar demasiado en filosofías y preguntas de peso, quería poner en un post, que espero sea el primero de varios, algunas de las reflexiones que anoto en lo que aquí llaman carnet de recherche. Mi diario de notas de la investigación. Me encuentro aquí, después de tantos años de espera, escudriñando sobre un tema que ha estado a mi lado desde hace muchos años y que ha tratado de ponérseme en frente con la máscara de la disciplina que me haya tocado seguir en el momento. En idiomas fue la literatura india en inglés, en Ciencias de la Educación fueron las nuevas tecnologías de la comunicación. Ahora me doy cuenta de que los temas y las vocaciones que realmente apasionan son cosas que están siempre presentes, y que además obedecen a una especie rara de destino que se supo desde un principio, pero que hubo que salir a buscarlo para saber que siempre estuvo ahí.

Las palabras claves de lo que hago ahora se reúnen y conversan con términos como el de cultura, identidad, historia, comunicación, expansión, otredad, empatía y tecnología. En principio, claro.

En el último año, las conversas sobre innovaciones en la educación me llevaron hasta Ken Robinson y su propuesta en los cambios de estos paradigmas. Pasé un rato leyendo su libro «the Element», en el que sostiene que encontrar el elemento en el que uno se destaca y que le apasiona puede cambiarlo todo. Por cierto que en el libro se huele un pequeño puje editorial entre Robinson y su editor para lograr un libro con ideas interesantes, pero accesible al gran público al que le es útil el género de la autoayuda. Así pues, me hice yo también la gran pregunta ¿cuál será mi elemento? ¿qué es aquello que puedo hacer por horas sin darme cuenta?… Para quien se estrena en un campo nuevo, es una pregunta pertinente. Para el que se adentra al terreno de la educación, es sencillamente determinante.

Debo decir con gran sinceridad que después de pensar un poco mi respuesta más sincera fue: hablar, echar cuentos. En fin… comunicar. Los que me conocen bien lo saben. Mis pobres padres, que no se han librado de horas de cuentos a pesar del Atlántico que cree poder separarnos, pueden dar fe de ello. Los queridos lectores de este blog, que a veces se pone largo también caben en la lista junto a mis queridísim@s amig@s. Una de ellas, de hecho, sostiene que estudié idiomas para poder hablar más y con más gente. Qué descaro.

Nadie puede negar que los placeres de la conversación son muchos. En la escuela de Idiomas las horas que se hacían más cortas, inspiradoras y edificantes fueron las del cafetín. Pienso que un buen conversador jamás se siente solo o desatendido. Y lo que es más, es un placer compartido por la inmensa mayoría de los seres, que encuentran en su mas íntima naturaleza la necesidad intensa de comunicar. De ahí a la explosión de las nuevas tecnologías de la comunicación. No neguemos lo obvio. No sólo nos gusta conversar, sino compartir, dialogar, comentar, apuntar… Y no sólo con palabras, también con signos, imágenes, videos, música, sonidos…

Y con esto llego al grano. La tesis que mi aventurada tutora accedió a dirigir quiere entender cómo es que a través de esta echadera de cuentos masiva y a nivel internacional que impulsó la 2.0 podemos aprender del otro y de su cultura. Este será el estudio de las historias alrededor del fuego que en nuestros tiempos se hacen en internet. El fuego ahora es una pantalla. No es raro que emita también luz y calor, y que quede encendida hasta altas horas de la noche… La rueda alrededor es colosal. El terreno será justamente la comunidad que me inspiró la pregunta de la tesis. Un grupo de periodistas ciudadanos que se encargan de apuntar hacia las conversaciones más interesantes de las blogósferas de diferentes regiones del mundo. Es un equipo diverso, activo, multicolor y multicultural dentro del que me siento muy feliz de participar desde hace ya casi cinco años. La comunidad lleva el hermoso nombre de Global Voices Online y se sirve de la tecnología para causas nobles que empiezan con la construcción de puentes entre regiones y terminan en luchas por el cierre de la brecha digital y de la libertad de expresión online (he hablado de ellos en ocasiones anteriores, por si algún amable lector llegó hasta aquí abajo y quiere saber más)

Toca pues un recorrido reflexivo sobre la comunicación, sobre las historias, sobre las culturas, sobre el Otro, sobre nuestra relación con éste, sobre el aprendizaje y sus aristas, sobre el diálogo entre los pueblos, sobre la empatía, las luchas en línea y en la calle y sus efectos en nuestra experiencia terrenal y por qué no, imaginaria y también espiritual. A un año de haber decidido emprender esta aventura, creo que ha llegado el momento de tomar el bastón y andar cuesta arriba. Me cuesta trabajo describir la emoción y la angustia que me dan al ver la montaña que me toca escalar; pero describir al final no está lejos de sentarse a echar un cuento… y eso sí que no me cuesta nada.

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