Reflexiones finales al cierre de CIVICUS: ¡Que la gente se mueva!

Estoy en los días que siguen a decenas de discusiones que tienen como centro la fuerza de la movilización civil. Fueron días intensos, de discusiones densas. La justicia social, el desarrollo de las comunidades, el activismo en línea. Los ejemplos primarios fueron, como era de esperarse, la nueva visión que se tiene sobre el mundo árabe y cómo sus represores hicieron que finalmente la gota derramara el vaso. Logramos que quedaran claras dos cosas: la primera, que los nuevos medios representan herramientas importantes, pero que sin la participación ciudadana no hay nada. La segunda, que nos encantan los movimientos civiles y que es emocionante llamarlos revoluciones, pero todo ese revuelo no es más el el principio de un camino sumamente pedregoso que sigue dependiendo de todos para llegar a alguna parte.

Para los que aún creen que nada de lo que uno haga puede hacer la diferencia, creo que estos casos deberían hacer despertar. Hace pocos días el chico con el que comparto apartamento me dijo que pensar en 6 billones de personas y la cantidad de recursos que tenemos lo hace un completo derrotista. La compañera de cuarto de una amiga, que apasionadamente lucha por los derechos de los animales, olvida por qué es que muchos países infortunados buscan la luz en Francia y le confunde la situación cuando piensa que el país no puede con todo. Pienso en los dos bastante seguido. En uno porque me parece fácil ser derrotista cuando hay techo, calefacción, agua corriente y comida en casa. En la otra, porque aún cuando haya procesos históricos que hasta hace poco ha ignorado, sigue creyendo que el movimiento civil, de a poco, puede ir haciendo la diferencia.

Las ideas de Castells, que he tenido a la mano estos últimos días me ayudan a dar un cierre a lo que hemos discutido, y de lo que seguiremos hablando. Los poderes y contrapoderes son los que van modelando los caminos. La participación de la gente es importante, aún cuando no se vea al día siguiente. Por ejemplo, cuando se boicotea a grandes empresas que no siguen criterios respetables, éstas, por criterios de venta, pueden enderezar su modo de trabajo. Puede que los poderes se vean enormes. Pero dependen enormemente también de lo que cada hormiguita empuje. Cuando un movimiento empieza y se expande, los poderes escuchan y se mueven.

Quizás sea esto lo más útil de recordar cuando uno cree que el esfuerzo individual y la voluntad de hacer las cosas caen en saco roto. Quizás sea esto una de las cosas que nos toca incluir en los nuevos procesos de educación. Quizás sea esto también lo que debamos evitar como miembros de una sociedad, de una nación. Cuando hablo con gente que dice que votar es involucrarse en política, veo que nuestra educación cívica agarró adonde no es. Cuando aprendemos que en la historia, pueblos de tradiciones antiguas y de logros educativos altos y expandidos son capaces de cambiar su libertad a cambio de protección, pues han cedido a la manipulación del miedo, hay un problema grave en lo que cada individuo entiende como responsabilidad. Sin embargo, todos estamos en la posibilidad de cometer esos mismos errores… Aunque no se pueda decir que no se advirtió.

En cualquiera de los casos, las pruebas están ahí. En la historia antigua, en la reciente, en el mundo dolorido que tenemos hoy. Lo que hacemos como comunidad cuenta. Los movimientos civiles tienen fuerza. Las aspiraciones individuales se conectan y hacen volumen. Si algo me ha encantado aprender, es que aún cuando las ideas dentro de nuestras cabezas suenen locas, y cuando otros acostumbrados a lo que hay miren de reojo, vale y valdrá siempre la pena ponerles voz y hacerlas oír. Uno nunca sabe quién conjuga con uno y se anima justo porque escuchó que en este mundo de locos, tan solo tampoco se está.

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