Salamanca… ¿non praestat?

De todos los destinos de los que he escuchado a hablar, aquél que menciona Borges en sus entrevistas con Soler Serrano ha sido el que más me ha gustado : el destino literario y la lengua castellana. Abro con esto porque yo he pasado años con este malestar propio de muchos latinoamericanos que resienten aún el paso de España por el continente. También lo digo porque he encontrado muchas razones para querer y sentirme cerca de la cultura ibérica a pesar de todo. Ahora, lo más importante de esto es quizás, que a pesar de mi amor nada oculto por nuestro idioma, nunca pensé tan claramente como ahora que el punto de encuentro y reconciliación más significativo sea probablemente el de la lengua.

Reflexiono mirando en esa dirección después de un congreso de tres días en la bella Salamanca. Es aquí que Nebrija escribió la primera gramática que describe la base de todos los españoles que se forman con los hablantes de lo que la Península sigue pensando que es un “nuevo mundo”.He pasado días escuchando muchísimos acentos: de españoles y de americanos, de visitantes y de estudiantes. Como sea, hay que admitir que el amor que se siente en la ciudad por la lengua y por el saber conmueve a todos los que hablen este idioma, de nacimiento o no.

Por supuesto, para las huellas de un pasado colonial no hay soluciones ni a corto, ni a mediado plazo; no importa cuán duro se trabaje en ellas (si es que se trabaja en ellas). Y debo decir que la actitud de muchos españoles frente a la inmigración de América hispana y de otros países no ayuda. La nuestra es una relación apasionada, pero como suelen ser las relaciones así, son pedregosas, dolorosas y agotadoras. Aprendemos demasiado lento y no educamos tampoco para hacer las cosas más fáciles. “Hace siglos de las masacres y de la conquista”… Sí… “¡Hay que dejar la historia en el pasado!”. Pues, también… Pero qué difícil es hacerlo cuando las consecuencias se sienten aún hoy, cuando los problemas de identidad de países como el mío arrastran aún la carga tan pesada de competir sin una pierna el camino largo del “desarrollo” y de la “democracia”. Tampoco se hace fácil este proceso cuando altos dignatarios españoles, frente a un auditorio iberoamericano celebra todavía el proyecto “civilizador” y “urbanizador” que nos ha dejado de herencia lo que tenemos hoy.

Pero si dejamos de agarrar la sartén por donde quema (aún admitiendo que esta sartén quema por muchos de sus lados) lo que nos queda son destinos compartidos gracias al arte, la cultura y sus vehículos más importantes; la lengua y sus variantes. Habría muchas cosas más que quisiera compartir, particularmente en el espacio que abrí para mostrar las cosas que me maravillan de las lenguas. Pero como lo saben muy bien los que abren un blog y sufren de tener disciplinas laxas, no siempre se da muy fácil sentarse y escribir. Sin embargo, errar por la ciudad y sentarse exhausta en el primer café que se consigue y caer justo frente a la facultad de filología no podía merecer menos que una desempolvada a esta pobre bitácora. Y hasta aquí lo dejo, al menos por ahora, con la esperanza de que éste sea el primero entre muchos textos con los que pueda poner otra vez a rodar las maquinitas de este querido blog.

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